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Santiago, |
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11 feb.2011
Adictos al amor:
cuando enamorarse
conduce a la locura
Hasta un cinco por
ciento de la
población conoce el
rostro más enfermizo
del amor. Unos viven
en un perpetuo
estado de
enamoramiento con
varias personas a la
vez y otros se
«enganchan» a una
semejante. Él o ella
son su «droga»
Un ser humano
enamorado
experimenta una
sensación placentera
comparable a pocas
cosas en este mundo.
Los problemas
desaparecen, la vida
se encara con
optimismo, no hay
dolor, no existen
los defectos en la
persona amada y una
felicidad
desbordante incluso
nos hace vulnerables
y, en cierto modo,
perder el rumbo.
Pero eso no importa
cuando se está
inmerso en una
«borrachera» de
sentimientos hacia
otra persona, sobre
todo si somos
correspondidos. Con
el tiempo esas
sensaciones se
evaporan, pero pocos
no darían lo que
fuera por volver a
experimentarlas,
aunque fuera sólo
por un instante.
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Sin embargo, el amor tiene también su
versión patológica y nefasta para la salud
física y mental. Ese placer de estar
enamorado lleva a muchas personas a querer
vivir en un perpetuo e imposible estado de
enamoramiento. Otros se «enganchan» a un
hombre o una mujer y su ausencia o rechazo
es lo que la heroína para un toxicómano.
Entonces, el amor conduce al sufrimiento, no
a la felicidad; tanto en el primer grupo,
los llamados adictos al amor; como en los
que sufren una dependencia emocional hacia
otra persona.
Según un estudio epidemiológico sobre una
base de 800 personas realizado por el
Fundación Instituto Spiral de Oviedo, «hasta
el ocho por ciento de la población sufre
algún tipo de dependencia sentimental, un
cinco por ciento claramente vinculado a una
pareja», explica su director, Carlos
Sirvent.
Estancados
Mientras que el dependiente emocional
focaliza su obsesión en una sola persona, en
el adicto al amor la «droga» no es un
semejante, sino el anhelo de amar y ser
amado, vivir siempre instalado en la primera
fase de cualquier relación de pareja donde
la pasión y los sentimientos conducen por un
tobogán emocional, el del amor romántico e
idealizado.
«Los adictos al amor no soportan salir de
ese estado. Cuando comienza a romperse el
idilio porque la relación se calma ya no
sienten ese pico de estimulación. Entonces
buscan relaciones conflictivas que les
garantizan que siempre va a haber vértigo,
peleas y reconciliaciones», explica la
psicóloga Patricia Faur, profesora de
Psiconeurofarmacología de la Universidad
Favaloro, de Argentina.
La mayor parte de las personas no se
estancan en ese punto, sino que pasan página
y «la relación se termina tras esa etapa de
pasión inicial, cuando se ve a la otra
persona realmente como es, se acepta que el
otro no es lo que se esperaba y se produce
un alejamiento, por supuesto, con tristeza y
dolor. Hay una mirada realista que permite
darse cuenta de que si siguen juntos se
harán daño», asegura Maria del Carmen
Méndez, psicóloga clínica especialista en
adicción a personas del Centro BJM de
Santiago de Chile.
«Pueden amar a varias personas a la vez para
satisfacer esa necesidad interna de nuevas
experiencias amatorias. Traté un caso de un
hombre que tenía relaciones por toda Europa,
todas muy intensas, mandaba poemas, se veía
lleno al tener ese reconocimiento por parte
de todas esas mujeres», afirma Sirvent.
La aparición en escena de internet y
especialmente de las redes sociales ha
agravado este problema. «Las redes como
Facebook posibilitan el encuentro con viejos
amores de la adolescencia y eso ha
estimulado en este tiempo la ilusión de
recuperar algo que se ha perdido», explica
Faur.
Una cuestión de química
El placer que se experimenta en la fase de
enamoramiento tiene una clara explicación
fisiológica. En algunos estudios se ha
observado mediante resonancia magnética que
en el cerebro de las personas enamoradas las
regiones que más se activan –el área
tegmental ventral y el núcleo caudado– son
las mismas que reaccionan ante distintas
adicciones a sustancias.
El balance de los neurotransmisores,
mensajeros neuronales, justifica en gran
medida muchos comportamientos asociados al
amor y sus circunstancias. «El aumento de la
dopamina que interviene también en el
circuito de recompensa incrementa la
atención y la tendencia a considerar única a
la persona amada. Provoca euforia, pérdida
del apetito, temblores, palpitaciones,
aumento de la frecuencia respiratoria,
ansiedad, pánico, temor, cambios súbitos del
humor, desesperación si se rompe la
relación. Todas estas conductas son
características de la dependencia a las
drogas como la cocaína y las anfetaminas.
Por otra parte, el aumento de la
noradrenalina permite la fijación de las
cualidades positivas y desestima las
negativas de la persona amada, mientras que
la disminución de los niveles de serotonina
genera pensamientos obsesivos hacia la
persona amada», dice Méndez.
Con todo, pese a que la vida del adicto al
amor es compleja y discurre por sendas
tortuosas –con problemas económicos
derivados de las relaciones paralelas–,
quizá en el dependiente emocional el grado
de sufrimiento es mucho mayor. Enviar
cientos de mensajes de móvil en un día,
celos descontrolados y renunciar a amigos y
familia por la persona amada son moneda
común entre estos pacientes. Están tan
ciegos de amor que incluso se dejan humillar
o permiten la agresión física por parte de
su pareja.
«Toleran eso porque están dispuestos a
pagar cualquier precio con tal de retener a
esa persona a su lado», comenta Cruz Vivas,
psicóloga experta en relaciones de pareja.
«El miedo a quedarse solas las paraliza.
Pierden su individualidad, viven a través de
su pareja, abandonan su vida, sus amigos, su
familia sus actividades por estar con la
otra persona, se obsesionan con ella y
necesitan controlar todo: dónde está, qué
come, qué compra... Siempre vive en la
desconfianza imaginándose cosas y con el
temor de que la abandonen», dice Méndez.
«Pero luego sufren mucho viéndose en ese
papel de acosador o acosadora. Sólo desean
amar a esa persona, pero la obsesión lo
domina todo», añade Vivas.
El origen
Para Stanton Peele, el primer especialista
en definir como tal la adicción al amor, en
1975, en ese estado «estas personas carecen
de autoestima y dudan de su lugar en este
mundo, no tienen familia ni relaciones
amistosas ni un objetivo que les motive en
la vida. En su infancia han sufrido algún
tipo de déficit afectivo en cuanto a la
confianza por parte de los padres, sobre la
oportunidad de comprometerse con otra
persona y capacidad para hacer amigos»,
declara Peele a este semanario.
Según los especialistas, la adicción al amor
propiamente dicha podría ser un patrón más
común en los hombres, mientras que las
mujeres suelen meterse en relaciones
enfermizas y dependientes. Tampoco es igual
el grado de padecimiento, pues el adicto al
amor puede encontrar consuelo en sucesivas
personas de las que se va enamorando, pero
en el caso del dependiente si no puede estar
con pareja deseada, acceder a su «droga»
particular, no le queda otra opción que
pasarlo mal hasta llegar a padecer cuadros
psiquiátricos más o menos severos.
La detección del problema no es una tarea
sencilla. «Normalmente las mujeres son más
propensas a pedir ayuda, pero no porque
estén metidas en una relación problemática,
sino por alguno de los trastornos asociados
a esta dependencia, como la ansidad o la
depresión. Luego “escarbas” un poco en la
consulta y ves cuál es el trastorno de
fondo», afirma Sirvent.
Disfunciones
En general, existen muchos grados de
problemas en la pareja. «Todo aspecto de la
relación que bloquee, destruya o entorpezca
su razón esencial de ser es una disfunción;
si se comete de manera voluntaria, un abuso;
si además incluye coerción para que la otra
persona colabore o participe en la
disfunción y/o para retenerla en contra de
su voluntad, ya es maltrato. En la práctica,
las mayores fuentes de maltrato, abuso y
acoso tienen que ver, en realidad, con la
inhibición de la potenciación personal, es
decir, con la exigencia de que uno tenga que
sacrificar su persona por el mantenimiento
de la unión. Cuando esto ocurre, debe
considerarse la necesidad de una separación,
o, al menos, reconsiderar los términos y las
prioridades de la pareja», comenta Luis de
Rivera, catedrático de Psiquiatría y
director del Instituto de Psicoterapia de
Madrid, que próximamente sacará a la venta
un libro en el que aborda en profundidad
esta temática.
Un trastorno con múltiples caras y un punto
común: el amor. Pero, como resume Méndez:
«La adicción al amor no significa amar a
demasiados hombres o mujeres, ni enamorarse
con demasiada frecuencia, ni tampoco sentir
un amor profundo por esa otra persona, en
verdad significa obsesionarse por otro y
llamar a esa obsesión amor»
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25 enero 2011
Profesionales de
nuestro Centro se
reúnen con Ministra
del Sernam
La Ministra del
Servicio Nacional de
la Mujer, Carolina
Schmidt, sostuvo una
reunión con la
sicóloga María del
Carmen Méndez, junto
con la gerenta
general de la
Fundación Mi Casa,
Delia del Gatto y el asesor
comunicacional de la
entidad, Nicolás Symmes,
quienes le presentaron una
innovadora iniciativa para
prevenir la violencia en la
pareja. |
Se trata del proyecto de
terapia sicológica “Personas
adictas a Personas” que
busca erradicar, tanto en
mujeres como en hombres, los
patrones de conducta que los
lleva a sostener relaciones
de pareja violentas.
En la oportunidad, la
secretaria de Estado junto
con valorar la iniciativa,
manifestó su interés por
trabajar en conjunto con los
profesionales de BJM y la
Fundación Mi Casa en estos
temas, ya que la prevención
temprana de la violencia
intrafamiliar es fundamental
para erradicar este flagelo.
fuente:
sernam.cl ver noticia desde
el portal aquí... |
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